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| Imagen de JULIA ANOMALIA |
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Otro día en que las dos
puertas se juntan y forman este delgado hilo de luz, con un ojo que no se ve,
entre los picaportes.
Otro día en que de un lado
un árbol y del otro lado otro árbol y un camino recto lleva adelantados los
mismos pasos de ayer, a esta misma hora, cuya diferencia solar consiste en
nubes.
Otro día en que me recuerdo
justo a la hora de la salida cuando ya cerraron la oficina postal que deseaba
escribirte una carta. Con mi letra antigua, la que usé en la escuela y dejó de
existir en la universidad. Si pudiera te firmaría con un dibujo de fruta. Una
fresa, una sandía, un mango, una piña con muchos ojos. Porque sé que te gustan
las frutas. Porque los besos con fruta deben ser sabrosos. Porque nunca nos
hemos comido algo así, acabándolo juntos en nuestras bocas.
Otro día en que usé la misma
ruta para desviarte de mis pensamientos que normalmente solo te devuelven de
nuevo, desde el perro, el césped, el cambio de zapatos, el ejercicio. Ni
siquiera una piscina de hielo qué evapore. Ni el viento entre las ramas con
sudor y ropa.
Regreso. Me dan los mismos
escalofríos al levantarme de la mesa. Veo la miel de naranja que me regalaste,
en ese frasco bonito. Una probada en el labio. El color ámbar de una joya de
árbol. El sabor de un dulce que de a poco es amargo, entre las lonjas de pan y
la ausencia.
Otro día apagando las luces. Hacer preparativos para dormir. Acostarme sin sueño. Girarme a un lado, a otro, ponerme recta, cubrirme la espalda, cerrar los ojos, recrear la ventana. Pensar en la hora allá. Contar la diferencia. Saber que me duermo, mientras tú despiertas. Entrar en esa boca oscura que me llama. Me tira de allá para acá. Me Traga, me hunde. No le gusto, me devuelve. Pesadillas hasta el cansancio de ambas. Y dos puertas se juntan. Forman este delgado hilo de luz. Un ojo que no se ve, entre los picaportes.
Otro día apagando las luces. Hacer preparativos para dormir. Acostarme sin sueño. Girarme a un lado, a otro, ponerme recta, cubrirme la espalda, cerrar los ojos, recrear la ventana. Pensar en la hora allá. Contar la diferencia. Saber que me duermo, mientras tú despiertas. Entrar en esa boca oscura que me llama. Me tira de allá para acá. Me Traga, me hunde. No le gusto, me devuelve. Pesadillas hasta el cansancio de ambas. Y dos puertas se juntan. Forman este delgado hilo de luz. Un ojo que no se ve, entre los picaportes.
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