martes, 6 de marzo de 2012

La llave gira

Imagen de JULIA ANOMALIA


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Otro día en que las dos puertas se juntan y forman este delgado hilo de luz, con un ojo que no se ve, entre los picaportes.

Otro día en que de un lado un árbol y del otro lado otro árbol y un camino recto lleva adelantados los mismos pasos de ayer, a esta misma hora, cuya diferencia solar consiste en nubes.

Otro día en que me recuerdo justo a la hora de la salida cuando ya cerraron la oficina postal que deseaba escribirte una carta. Con mi letra antigua, la que usé en la escuela y dejó de existir en la universidad. Si pudiera te firmaría con un dibujo de fruta. Una fresa, una sandía, un mango, una piña con muchos ojos. Porque sé que te gustan las frutas. Porque los besos con fruta deben ser sabrosos. Porque nunca nos hemos comido algo así, acabándolo juntos en nuestras bocas. 

Otro día en que usé la misma ruta para desviarte de mis pensamientos que normalmente solo te devuelven de nuevo, desde el perro, el césped, el cambio de zapatos, el ejercicio. Ni siquiera una piscina de hielo qué evapore. Ni el viento entre las ramas con sudor y ropa. 

Regreso. Me dan los mismos escalofríos al levantarme de la mesa. Veo la miel de naranja que me regalaste, en ese frasco bonito. Una probada en el labio. El color ámbar de una joya de árbol. El sabor de un dulce que de a poco es amargo, entre las lonjas de pan y la ausencia. 

Otro día apagando las luces. Hacer preparativos para dormir. Acostarme sin sueño. Girarme a un lado, a otro, ponerme recta, cubrirme la espalda, cerrar los ojos, recrear la ventana. Pensar en la hora allá. Contar la diferencia. Saber que me duermo, mientras tú despiertas. Entrar en esa boca oscura que me llama. Me tira de allá para acá. Me Traga, me hunde. No le gusto, me devuelve. Pesadillas hasta el cansancio de ambas. Y dos puertas se juntan. Forman este delgado hilo de luz. Un ojo que no se ve, entre los picaportes.
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